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AJO (Allium sativa)

 

   En el medievo se utilizaba contra diversas epidemias, concretamente contra la peste en términos generalizados. Actualmente se ha comprobado que los ajos tienen cierto poder bactericida, mediante el cual son capaces de eliminar determinadas especies patógenas de la flora intestinal sin dañar otras inocuas. Muy indicado para acabar con los oxiuros (lombrices) de los niños y, por consiguiente, con el prurito (picor) anal de éstos. También actúa contra las intoxicaciones nicotínicas, como un remedio específico para combatir los síntomas del tabaco a nivel de los vasos sanguíneos, alteraciones cardíacas y perturbaciones digestivas. Más recientemente se han descubierto sus propiedades hipotensoras. El descenso de la presión sanguínea en los hipertensos y los arterioscleróticos se logra sin complicaciones secundarias y con carácter no tan efímero como el de otros hipotensores.

   El ajo contiene en todas sus partes, pero sobre todo en el bulbo, una sustancia sulfuadainodora llamada aliína. La aliína, por la acción de un fermento contenido en los propios ajos, la aliinasa, primero se convierte en aliisina, y después en disulfuro de alilo, ya con el característico olor a ajo. Cocidos, los ajos pierden toda sus propiedades: "Ajo hervido, ajo perdido ". El inconveniente más importante de este bulbo, tomándolo crudo, es la facilidad con que se difunde el olor por todo el cuerpo y lo desagradable de su persistencia. Para ello hay una fácil solución, y es masticar perejil. Y si aún quedaran dudas, comer media manzana.

   Modo de empleo. Se aconseja tomar ajo de la siguiente forma: fraccionar un diente en cinco u ocho partes, tragar con agua sin masticar hasta completar el diente (un estómago ha de estar bastante enfermo para no soportar un diente de ajo). Ir aumentando un diente por semana hasta llegar a tres dientes diarios. Mantenga tres dientes por semana y, a continuación, bajar a un diente semanal, hasta conseguir de nuevo tres dientes, y así sucesivamente. Cada cual podrá aumentar la dosis sin excederse.

   Toda persona con afecciones pulmonares (bronquitis, bronquitis taháquica, neumonitis, tos catarral) si practica durante un mes la ingesta de ajos tal cual está descrita, tendrá una mejoría espectacular, ya sea bronquitis crónica o incluso asma. Si no ha utilizado nunca el ajo para curar su catarro o afección de pecho, hágalo este invierno.

   Un diente de ajo cortado, sostenido a cada lado de la boca entre la mejilla y los dientes, curará rápidamente un catarro. Los ajos deberán renovarse cada hora, y no hay que dejarlos durante la noche. Este tratamiento es igualmente efectivo para conseguir bajar la inflamación en amigdalitis y faringo-laringitis.

   Sin embargo, si se frota un diente de ajo pelado sobre la planta de los pies, es muy probable que se cure el catarro mientras duerme y, sobre todo, si se trata de niños menores de diez años.

   Una forma acertada de tomar ajo con altas pretensiones terapeuticas es hacerlo en forma de perlas.En este caso tome de 6 a 15 perlas diarias repartidas en tres o cuatro tomas, de esta forma conseguira tratamientos anticoagulantes (varices, flebitis, troboflebitis), ya que con dicha posología logrará hacer más fluída por sus propiedades de antigregante plaquetario (impide que las plaqutas se agolpen bloqueando la circulación), Así de una manera indirecta, conseguirá también favorecer a su sistema circulatorio, sobre todo a su corazón y, lo más importante, en el caso de padecer tensión arterial alta (hipertensión), verá cómo disminuye gracias al tratamiento a base de perlas de ajo.

   Por último, destacar que el autor de este manual considera el ajo como el mejor preventivo de la arteriesclerosis.